¿Qué bueno es el hombre?

La verdad sobre nosotros. ¡La sentencia de la Biblia!



Casi ninguna afirmación llama un desagrado tan general como la siguiente: “Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios...” (Romanos 3:23).

En eso no hay ninguna duda: Esa constatación no es bonita. Es una de las más pesadas. Son legciones cuales los hombres tienen que aprender; y por desgracia hay mucha gente que en su via de vida, no lo quieren comprender. ¿No somos nosotros tan idóneos como para pensar que somos un poco mejor que nuestro prójimo? – y cuando tenemos que constatar que quizás son un poco mejor que nosotros, entonces hacemos inmediatamente que bajen a nuestra llanura.

Pero si quieren saber, quién y qué es el hombre en verdad, entonces habran el tercer capítulo de Romanos, y allí está dicho todo: “No hay justo, ni aun uno;” “Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron...” ¡ningún justo – todos pecadores! Eso es duro. Quizás hasta para enojarse. Aun así, es verdad.



El árbol entero es malo



Uno que pertenece a una asocación de caritatura, dice: “¿No soy yo mejor que ese borracho de allá, que bebe todo su sueldo entero, y que pega a su mujer e hijos?” – reconocido, es mucho mejor controlarse que como no controlarse; mucho mejor ser sincero que no ser sincero.

¿Y no es que nos gusta más, estar junto con gente que en lo que dicen, y en lo que hacen son sinceros, que con gentes que te engañan en cada momento? Pero si se trata de la pregunta de ser justo frente a Dios, al fin todo es insignifiante. Porque no hay diferencia. Todos nosotros seres humanos somos desde la naturalza malos. El que eso no reconoce no es un optimista, sino un fantasta, porque se encuentra en un error peligro y se engaña a sí mismo. En eso no hace falta de gente con sus ideas magnificas con que quieren mejorar al mundo con sus imaginaciones entre ellos. No hay pocas gentes jovenes idealistas inteligentes y llenos de optimismo.



Sólido y tan desordenado



El uno piensa que tiene sólo dos pecados muy pequeños, y Dios seguro lo va a pasar con la mirada; pero aquél otro tiene por lo menos 500 , y trangredido todos los diez mandamientos. No hace nada, porque no hay diferencias. Los dos son culpables. Los dos han partido la ley. ¿Qué importancia le da a alguien que se ahoga, si se ahoga en un estanque de sólo dos metros, o en el océano de dos mil metros de profundidad? De manera igual la dimención de los pecados de un ser humano, no se decide. La Biblia dice que no alcanza la gloria de Dios. En todo caso uno esta perdido. Es el principio de la ley, pedir todo el cumplimiento completo. El cual no se queda junto a ello, se pone culpable y va directamente al juicio.

“Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable en todos.” (Santiago 2:10).

Un alto y honorable funcionario de justicia, que en su vida ha dado sobre muchos culpable el sello del juez, dió al final de su vida una confesión de escalos frios: “Yo en mi largo trabajo de profesión, no encontré ninguna críminalidad, de cual yo no hubiera podio ser capaz en mi corazón, bajo algunas circunstancias emocionales”. Ese hombre ha reconocido la depravación general del corazón del hombre, y era tan sincero para reconocerlo y decirlo.



Cómo Dios nos ve...



De la manera cómo Dios nos ve, eso vale. Y él nos declara bien claro, cómo nos ve. Si nosotros no leemos su palabra, ni le escuchamos, y encima queremos tomar conocimiento, es nuestra propia culpa. Él no tiene la culpa cuando nosotros, que nos nombramos tantas veces cristianos – no conocemos su afirmación inequivocable. Nosotros leemos en Salmos 53:2-3 “Dios desde los cielos miró sobre los hijos de los hombres, para ver si había alguno entendido que buscara a Dios” mas antes, “Todos se habían corrompido; no hay quién haga lo bueno, no hay ni aun uno”. Pero para que de ninguna manera abarcamos con la mirada de estos versículos tan importantes, las encontramos en Salmos 14:2-3 y en el nuevo Testamento en Romanos 3:23, que existe la misma constatación: “Cada uno se había vuelto atrás; todos se habían corrompido; no hay quién haga lo bueno, no hay ni aun uno”. A la verdad se refiere a todos, no hay exepción. No sólo los descuidados: los ladrones en los bancos y cuales transportan estupefeciente, cuales producen pornografías, y todos los grandes y pequeños playboys y –girls, sino, también los sólidos (hipocritas), los que “siempre se ambicionan para esforzarse” y que viven según la divisa: “¡Soy bueno y no tengo vergüenza de nadie!”. No hay que seducir a los niños en palabras, imagen y voz, y tampoco no hay que engañar a la pareja. La palabra de Dios hace la diagnostica así cómo somos – estamos perdidos.



Nosotros todos – y cada uno



Dios nos enseña su pensamiento sobre nuestro estado, y yo me sorprendo muchas veces cómo el se esfuerza para enseñarnos y ponernos frente nuestra alma bien claro, quienes somos realmente. Así ya dejó decir y lamentar por medio de su profetas: “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino...” (Isaías 53:6). ¡Como acertado es esta expreción! Como ovejas sin pastors descarriamos, todos estamos entregados al mal. Pero no solamente eso. También nos apartamos cada cual por su camino. Eso quiere decir: cada uno de nosotros que nos hemos apartado, tiene su propio pecado especial, de cual capaz nadie sabe. Eso es nuestra situación. Todos estamos sentados en el tren equivocado, y adelante de este tren, hay un cartel con solamente una palabra: “pecado”. Esa palabra enseña la dirección equivocada de nuestra vida entera, la dirección lejos-de-Dios. En ese tren estamos sentados desde nuestra naturaleza. Y en ese tren pasan varias cosas. Allí fanfarronean y vanaglorian. Allí luchan por reconocimiento y honra. Y allí también se miente y se engaña y se roba. Esos son los pecados de cada un mienbro del tren. Todos estan sentados en el tren equivocado, y cada uno tiene su forma especial de formar su tiempo en el tren – o, sea su vida.



¿Pepita o cáscara?



No es halagüeño, pero excactamente así es con nosotros seres humanos. Nosotro estamos por la heredad del pecado desde nuestra naturaleza malo, totalmente incapazes de sobre vivir en ese estado antiguo frente a Dios, que no puede permitir el pecado. No, el pecado no es un daño pequeño de barniz, no se puede eleminar por reparar la cáscara. El gusano está sentado muy profundo en la pepita. Todos que ese hecho niegan los indica el Señor Jesús como hipócritas: “¡Hay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia.” – “¡Hay de vosotros,escribas y fariseos, hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de todas inmundicia. Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justo a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocrecia e iniquiedad” (Mateo 23:25 y 27.28).



Pero, ¿no hay ninguna salida?



La balance está para asustarse: la pepita esta mala. En todos; no hay diferencia. En ese punto de vista estan todos iguales. Lo de fuera, es diferente. Sí, eso es cierto. Pero un árbol malo, ¿va a hacer bueno porque le cuelgo una manzana bonita? Por eso cada esfuerzo de una persona para salvarse, va a fracasar. También un “siempre ambicionarse, siempre esforzarse” no nos lleva a la meta querida. Nadie se puede hacerse una escalera hasta el cielo. Habían algunos que lo intentaron, brote por brote. Pero todos encontraron lo igual: La escalera es demasiado corto. Dios ha actuado. El vió de que todos los seres humanos son pecadores perdidos. Ninguna escalera fui suficiente largo. Allí hizó Dios el primer paso decidio. Le escuchamos decir: “¿Qué haré? - Enviaré mi hijo amado” (Lucas 20:19). ¿Y cómo contestó el Señor Jesús? “Heme aquí, envíame.” – Eso a la verdad es un mensaje feliz; sí, el mensaje mas bonito que puede ser para nosotros: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” (Juan 3:16) “Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo jutificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre,... con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo y el que justifica al que es la fe de Jesús” (Romanos 3:22-26).

¿No tiene usted que reconocer que sus pecados le dividen de Dios, y que no puede escaparse de la perdición amenazante? ¿Conoce usted el suspiro de la culpa del pecado y la cargar del pasado? – Si usted puede responder afirmativamente esa pregunta, ¡entonces está usted tan cerca de la salvación! Pero, ¿qué tiene que hacer usted aún? Usted tiene que confiar que la sangre de Jesucristo se derramó también por tí allá en el monte Calvario. Allí ha subido el puro para los impuros.

“Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia en él.” (2. Corintios 5:20-21) “Mas él herido fue por neustras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de neustra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nostros curados.” (Isaías 53:5).



Gratis



Si Dios dice en su palabra “Gratuitamente”, entonces también se refiere a eso. Eso quiere decir quien a la verdad hizó una conversión, y que cree en el Señor Jesús como su representante, el encuentra perdón “siendo justificado gratuitamente”. El esta frente a Dios tan justo y perfecto como si nunca hubiese pecado. ¿Cómo es eso posible? Porque Dios que es santo, tiene que condenar a cada pecado, así juzgó la culpa en su Hijo. Allí en el estaca de la Calavera se encontró la Santidad y el Amor de Dios. Su magnificiencia, en que él mis culpas de pecado, juzgó en su querido y totalmente perfecto Hijo. Que con aquello ofreció a personas pecadores para ser libres, perfectos y justificados. Así es el estaca de la Calavera de Jesucristo, un pago divino para gente pecadores que no pueden pagar.

Charly